Desde pequeña me gustó pintarrajear, en casa cubrían la pared con papel para que pintase con las manos y durante mi época académica llené varios libros de texto de bocetos y garabatos. 

Mi asignatura favorita era Plástica y aunque cuando crecí decidí inclinarme por el mundo empresarial, en cuanto tenía un hueco libre no podía evitar echar mano a algún bloc. Ya fuera en la mesa de la cocina, en la cama o en el sofá, en una parada de autobús, en la playa o en el bosque, en un pueblo perdido en la montaña o una concurrida ciudad; era coger un lápiz, bolígrafo o pincel y perder la noción del tiempo, del hambre y hasta del sueño.

En 2020 una pandemia mundial hizo que esta práctica se convirtiera en la mejor terapia y rutina a la que cada vez dedicaba más tiempo, ya fuera pintando para mí o realizando encargos que me iban saliendo. Siempre que me muevo llevo papel, bolígrafos y acuarelas para poder ilustrar lo que luego serán recuerdos de viajes increíbles y tras desconfinarnos, me fui a hacer el Camino Primitivo llevándome mi kit completo y un cuaderno donde fui ilustrando cada fin de etapa y recogiendo anécdotas del día (de la ruta realizada o el proceso de creación, los lugares descubiertos o la gente conocida), combinando así mis dos pasiones: caminar y dibujar.

Fue un año difícil, lleno también de experiencias increíbles que me sirvieron para definirme como Ilustradora de Recuerdos y Urban Sketcher Peregrina. Comenzado el 2021 con un montón de proyectos bajo el brazo y muchísima ilusión, he tomado la decisión de convertir este hobby en algo profesional y un modo de vida.

Un sueño que estoy cumpliendo gracias al apoyo de mucha gente, por el que trabajo día y noche y para el que he creado una manera de poder seguir apoyándome, sobre todo para esos periodos de nocturnidad laboral. Aquí lo explico todo: 

¿Qué sería de la vida si no tuviéramos el valor de intentar cosas nuevas?

Vincent Van Gogh